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La ciencia de la salud
En 1997 a Gabriela le diagnosticaron VPH, su primer pensamiento la llevó a la muerte. La confianza que tenía en su novio se derrumbó al comprobar que él había sido el medio de contagio.
Sin dolor, ni síntomas extraños, silenciosamente el virus invadió parte de su cuerpo a través de pequeñas lesiones y verrugas en la vagina, lo que la obligó a recibir un tratamiento con base en radioterapia. Afortunadamente hoy puede contar su historia.
En un afán por detener el avance de estas infecciones, muchas de las cuales terminan en un diagnóstico de cáncer, la ciencia médica ha desarrollado dos vacunas que prometen disminuir hasta en un 85 por ciento la incidencia de cáncer en el cuello de la matriz.
La primera que salió al mercado fue Gardasil, del laboratorio Merck & Co., la cual está diseñada para combatir el VPH en sus tipos 16 y 18 (que causan el 70 por ciento de los casos de cáncer de cuello uterino ), y los tipos 6 y 11 del VPH ( que causan el 90 por ciento de los casos de verrugas genitales).
La ventaja de la vacuna es la prevención, señala el doctor Alejandro García Carrancá, integrante del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM. “Lo ideal es tener todas las vacunas posibles y que sean económicas, además de tener otras y ponérselas a toda la población, pero eso tardará en alcanzarse”.
Actualmente ninguna nación de América Latina y el Caribe puede pagar la inclusión de la vacuna del papiloma humano en su sistema básico de inmunizaciones, ya que su costo equivaldría a ocho veces su esquema nacional, según un informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Según este organismo internacional, el precio de la vacuna es de aproximadamente 360 dólares para la aplicación de tres dosis.
El costo es un tema complicado, señala García Carrancá, pero más allá de eso, “hay que hacer promoción y énfasis en que esta vacuna es un elemento valioso porque le damos batalla al cáncer”.
Aunado a esto, el entrevistado enfatiza en la falta de programas para desarrollar este tipo de tecnología biomédica. “Brasil ya está desarrollando algo similar. Nosotros deberíamos trabajar nuestra vacuna. El problema es que faltan recursos, de lo contrario, hasta podríamos obligar a la industria a reducir los costos”.
Se han identificado 100 tipos distintos del virus del papiloma humano, de éstos 15 ocasionan el cáncer cérvico uterino.
Cervarix es la segunda vacuna que ha sido formulada para prevenir el contagio de VPH y fue desarrollada por el laboratorio GlaxoSmithKline (GSK).
La fórmula contiene un adyuvante patentado ‒el AS04‒, el cual fue incluido en el desarrollo de la vacuna por su capacidad para producir una respuesta inmunitaria más potente y prolongada (de hasta 6.5 años), en comparación con la composición de otras vacunas, señala en entrevista Yolanda Cervantes Apolinar, Directora de Investigación, Desarrollo Clínico y Asuntos Médicos de vacunas en GlaxoSmithKline, México.
La especialista en infectología pediátrica, añade que esta vacuna está dirigida hacia los tipos 16, 18, 45, 31 y 52 del VPH, responsables de más del 85 por ciento de los casos de cáncer cérvico, es decir, con esta vacuna “se protegerá y se busca evitar el 85 por ciento de casos de cáncer en los próximos años”.
Ninguna de las dos vacunas se usará con fines terapéuticos, ambas son meramente preventivas, pero aplicadas efectivamente evitarán la mayor cantidad de infecciones por el virus oncogénico.
Pobreza, la otra enfermedad
Como en el caso de otras enfermedades, el problema del cáncer en el cuello del útero se acentúa en las zonas con altos índices de pobreza y pocos servicios médicos.
Actualmente, dice el investigador García Carrancá, “quien desarrolle este tipo de cáncer es producto de negligencia, porque nunca se realizó un examen para detectarlo o bien porque el sistema no le proporcionó los medios para hacerlo”.
No es casual, pues, que los estados con la tasa de mortalidad más alta por cáncer cérvico uterino (aunque no son los que reportan el mayor número de casos) son Chiapas, Yucatán, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla y Nayarit, según datos del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud.
Estados donde se tienen menos posibilidades de acceder a los servicios para realizarse las pruebas de detección oportuna y que están excluidos de lo adelantos de la ciencia y la tecnología, agrega el informe de la SSA.
Y aunque Alejandro García indica que en este momento es más viable ahorrar para pagar exámenes de detección a lo largo de su vida, en lugar de pagar por una vacuna de alto costo, la OPS refiere que se debe trabajar en la aplicación de las vacunas, pues son tan efectivas que cada mujer sólo tendría que ser examinada dos o tres veces en su vida.
En el estudio “Carga de infección y enfermedad por el virus del papiloma humano en América Latina y el Caribe”, se señala que el virus es más común de lo que se creía y que si no se interviene con fuerza se verá un incremento sustancial del número de muertes por cáncer de cuello de útero.
Indica que en un plazo de diez años la vacuna podría evitar medio millón de muertes en la región, lo que significaría reducción de costos para los sistemas de salud que gastan demasiado en tratamientos.
Prevenir es la mejor vacuna
Al menos cien mujeres fallecen cada día en nuestro país por este cáncer, el cual es el responsable de 270 mil muertes al año de mujeres menores de 45 años.
Pero no todo es tan alarmante, de cada millón de mujeres que se infectan con un virus oncogénico, alrededor de mil 800 desarrollan cáncer, de hecho, los datos clínicos indican que al menos el 80 por ciento de las personas sexualmente activas tendrán algún tipo del VPH en algún momento de tu vida.
En México y en todo el mundo las lesiones llamadas “de bajo grado” representan el 95 por ciento de todas las alteraciones y son lesiones que se quitan solas. Pero del 3 al 5 por ciento restante se trata de lesiones “de alto grado” que, aunadas a otros factores como las repetidas infecciones vaginales, múltiples partos, tabaquismo, una dieta pobre en ácido fólico y que nunca se hayan hecho un papanicolaou, podrían generar cáncer invasor.
La enfermedad puede combatirse con éxito cuando el cáncer que se descubre es no invasor (o sea, un carcinoma in situ), pues entonces la enfermedad puede ser tratada con una cirugía mínima o con radiación.
El también especialista del Instituto de Cancerología agrega que, aparte del papanicolau, existen otras pruebas que, realizadas oportunamente, detectan los distintos tipos del VPH.
“Estamos hablando de pruebas moleculares, de vacunas para infecciones que son muy comunes, pero que avanzan sin síntomas. Aunque no por ello debemos ponerles a las mujeres toda la carga de la enfermedad, porque no hizo nada malo, sólo tener una actividad sexual como todos. Hay que aprender sólo a prevenir y a ser responsables”.
Desafortunadamente, por ignorancia, desdén y la falta de prevención, muchas mujeres no se practican exámenes de detección del virus. Según una encuesta realizada por la Procuraduría Federal de Protección al Consumidor, siete de cada diez entrevistadas dijo practicarse una prueba de Papanicolau al menos una vez al año, frente a un 7 por ciento que asegura no practicarlo nunca.
Así, la aplicación de la vacuna no libera a la mujer de practicarse un papanicolaou ‒mínimo una vez al año‒, una vez que inició vida sexual, asegura la especialista Yolanda Cervantes. Tampoco las libera de la necesidad de utilizar métodos de barrera como el condón.
Resultados a la vista
Los resultados de ambas vacunas están a la vista, pues mientras que Gardasil se ha aplicado 25 millones de dosis en el mundo, Cervarix ha sido probada en más de 400 mil mujeres en el orbe con excelentes resultados. Y ya se ha registrado en más de 50 países a escala mundial.
Además de una amplia protección conta las lesiones precancerosas, esta última vacuna ha demostrado que protege contra otros tipos de cepas de VPH, por lo que GSK ya sometió a revisión para obtener el registro de comercializar su vacuna contra el cáncer cérvicouterino a la Agencia Europea para la Evaluación de Productos Medicinales (EMEA, por sus siglas en inglés). Además, es la primera que puede aplicarse a mujeres mayores de 25 años.
En México, la Secretaría de Salud comenzó a inmunizar a 45 mil niñas entre 10 y 14 de edad durante el año pasado.
Gabriela fue infectada del VPH por contacto sexual con su novio. “Estaba segura de quién había sido porque yo no sostenía relaciones sexuales con nadie más. Ahora me cuido más que antes y no cometo el mismo error de tener relaciones sexuales sin condón. Afortunadamente me detectaron el VPH a tiempo, de no haber sido así el cáncer me hubiera invadido y tal vez ya estaría muerta”.
Ambas vacunas se han enfocado principalmente hacia la población femenina, sin embargo, si se cuenta con los recursos para pagarla, se puede aplicar Gardasil en los varones porque previene las verrugas genitales.
Lo importante es la prevención, reiteran los especialistas consultados (y el papanicolau sigue siendo el método más confiable para la detección), sin embargo, lo deseable sería contar también con un tratamiento terapéutico para quienes ya están infectados.
Por ello, el Instituto de Investigaciones Biomédicas, ya trabaja en conjunto con investigadores alemanes, para desarrollar vacunas quiméricas, es decir, formadas por dos moléculas de proteína L1, y con fragmento de otras proteínas del virus. “Se pretende hacer una vacuna quimérica, profiláctica (aplicada a quienes nunca se han infectado) y terapéuticas (para quienes ya se infectaron y que se cure)”, sentencia el doctor Alejandro García.
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Texto publicado: Noviembre 2008
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